Compañías de aerotaxis y plataformas de aterrizaje
Este es un artículo sobre las compañías de aerotaxis. Si lo que te interesa es el detalle práctico de cómo moverse volando, lee Moverse en coches voladores.
Flycab, Air Ride, Air Lift... Compañías de taxis aéreos. Hay muchas, prácticamente cualquier emprendedor con una licencia de vuelo puede prestar servicio. El problema es que son negocios que no escalan. Boeing intentó una incursión en el sector, pero fue una ruina y acabaron vendiendo el negocio a Cessna.
El complicado mantenimiento de las aeronaves frente a la breve duración de los viajes y la regulación del tráfico aéreo mantienen a raya la popularización de esos servicios. Otros problemas que no dejan despegar el negocio son las molestas turbulencias de los despegues verticales, incompatibles con los peatones. Además de la seguridad de los viandantes, los taxis son sensibles al fuego antiaéreo improvisado de ciudadanos airados y gamberros, lo que obliga al empleo de bases de aterrizaje dedicadas, acotadas y vigiladas. Dado que el espacio escasea, el Ayuntamiento no da fácilmente los permisos, y hay que recurrir al alquiler de azoteas, pero pocos edificios aguantan el aterrizaje de uno de esos taxis. La falta de oferta implica que los precios están por las nubes, especialmente fuera del centro corporativo. Si a todo esto se suma el pequeño tamaño de las aeronaves que pueden entrar en la ciudad, y por tanto los pocos viajeros en cada vehículo, la consecuencia es que es un mercado pequeño en el que los grandes no consiguen hacerlo bien.
Plataformas en rascacielos
Los responsables del edificio te dirán que son un problema de seguridad, una segunda puerta que debes vigilar. Por supuesto, hay sistemas antiaéreos, pero cualquiera puede hackear o secuestrar un taxi o un vehículo legítimo y la brecha seguiría estando ahí. La normativa municipal exige que las pistas estén disponibles al público para casos de emergencia y como incentivo para el mercado, una legislación portada de la legislación de muelles fluviales y embarcaderos privados.
Algunas corporaciones potentes incumplen la normativa y limitan el acceso sólo a los más altos ejecutivos. Normalmente es una decisión del responsable de seguridad del edificio. Una argucia típica es que los viajeros que son empleados o visitas reciben un trato preferente, mientras que los de fuera reciben un control más exhaustivo y sólo pueden emplear un único ascensor que no tiene acceso más que a la azotea y a la primera planta. Ese ascensor es lento.
Sin embargo, otros edificios de oficinas permiten la llegada de viajeros como parte del negocio. Es un público con alto nivel adquisitivo y muy aspiracional. Bastantes marcas de lujo pagan por tener un escaparate donde enseñar ese abrigo de tres mil dólares, una katana de diez mil, un bolso de cinco mil, un coche de cien mil. Un buen dinero que además atrae prestigio al edificio.
Air Hub
Vieron la oportunidad donde todo el mundo se desentendía. Tenían grasa financiera para aguantar tiempo. Compraron un edificio de oficinas en decadencia, y montaron varias plataformas de aterrizaje, un par de cafeterías, un restaurante, un coworking con salas de reuniones y servicio VIP, y un millón de E$ en productos de lujo para colocar en escaparates entre las plataformas y los establecimientos. En un mes aparecían ya en Leisure Time y Epicurated como la nueva sensación de negocios.
En el Air Hub puedes llegar, tener varias reuniones con proveedores y gente de tu equipo y luego marcharte. Y todo eso sin pisar calle, sin atascos, sin movidas. Es un terreno neutral, quedas bien con las visitas y siempre te encontrarás con gente interesante.