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LAX Metroplex

De Sanbox de Cyberpunk 2020

El Metroplex de los Ángeles (California del Sur) es una megaciudad de 250 km de largo que va desde Ventura hasta casi San Diego. Algunos autores consideran que llega hasta Tijuana (México) bordeando San Diego, capital del estado. En su crecimiento constante, está a punto de convertir Santa Bárbara en un suburbio.

250 km de ciudad continua

El Metroplex es una constante urbana que recorre la costa. No tiene un centro claro porque tiene demasiados centros históricos que nunca terminaron de fusionarse del todo: Downtown LA, Long Beach, Anaheim, San Diego. Cada uno conserva su identidad, su administración local, y su carácter propio, pero centralizado con un Gobierno típico de una ciudad-estado y una autoridad policial severa.

El sistema urbano está vertebrado por la Interestatal 5 y la CA-1 (Pacific Coast Highway): las dos arterias que estructuran todo. Sin ellas, el Metroplex se fragmentaría en ciudades-isla. Con ellas, es un organismo continuo, aunque disfuncional. Esas vías apenas se han reformado y ampliado: no se han construído nuevas circunvalaciones en muchas décadas y los atascos son permanentes.

Población

Se estima que en el Metroplex habitan 44 millones de personas, pero sólo hay censados 31 millones de habitantes.

  • Franja costera (Limitada exteriormente por Santa Bárbara y San Diego): 5 millones. Clases medias y altas, trabajadores de servicios, empleados corporativos.
  • Interior del Metroplex (las antiguas San Fernando Valley, East LA, Inland Empire costero): 37 millones. Clases bajas, trabajadores industriales, inmigrantes recientes, comunidades organizadas autónomamente. Lluvia ácida ocasional, contaminación crónica pero asumible con las precauciones adecuadas.
  • Periferia y zonas de transición, en los márgenes del desierto, donde la presencia policial es menor: 2 millones aproximadamente.

Lujo en la costa

La franja costera es otra ciudad dentro de la ciudad. Está favorecida por el microclima marino que expulsa las nieblas tóxicas y la protege parcialmente de la contaminación del interior. Santa Mónica, Malibu, La Jolla, Montecito, Palisades: estos nombres siguen siendo sinónimo de dinero. Las corporaciones tienen sus sedes aquí, con vistas al Pacífico y aire filtrado. Es donde vive quien puede permitírselo.

Hacinamiento interior

Los distritos del interior se mezclan con sectores dedicados a industria pesada. Las cuencas entre las colinas atrapan la contaminación: smog industrial, lluvia ácida intermitente, nieblas tóxicas en invierno cuando el viento no empuja hacia el desierto sino hacia la ciudad. La gente lleva mascarillas de manera rutinaria, no como precaución sino como hábito. Los niños que crecen aquí tienen tasas de asma y problemas respiratorios crónicos muy superiores a la media. Nadie lo considera especialmente alarmante: es simplemente cómo son las cosas.

El interior fue la zona más castigada por el terremoto de 1998. Existían planes de reconstrucción, y el Metroplex se puso en marcha poco después que la construcción de Night City arrancara. Muchas corporaciones invirtieron en la reconstrucción de Los Ángeles llegando a acuerdos con el Estado. Las corporaciones construyeron distritos enteros para sus trabajadores e industrias auxiliares, a cambio de financiar trenes subterráneos y barrios de mini-vivienda-social que gestiona el Ayuntamiento.

Esos acuerdos han absorbido el presupuesto del Estado y dominado las políticas estatales en las últimas dos décadas y media, condicionando el crecimiento del Estado de California del Sur. La ciudad está absorbiendo prácticamente el 80% de la población del Estado, y si se suman las conurbaciones de Santa Bárbara y San Diego, se llega prácticamente al 97%. Sólo una pequeña parte de la población vive en Bakersfield y en asentamientos en el desierto.

El Agua

El agua potable gratuita hasta 100 litros por persona es la medida más inteligente que ha tomado nunca el Gobierno Estatal de SoCal, y probablemente la que mantiene la paz social más que ninguna otra política.

Los ciudadanos censados reciben el agua en sus domicilios y los contadores regulan la medida en función del empadronamiento. Hay trucos y la medida no es exacta, y de todas formas se puede pagar por el exceso, siendo los segundos cien litros muy económicos.

Las plantas potabilizadoras, en su mayoría gestionadas mediante contratos con dos o tres corporaciones de infraestructuras, puntean toda la franja urbana.

Además de la entrega a domicilio, los puntos de recogida públicos y gratuitos, conocidos coloquialmente como taps o fuentes, son espacios públicos de facto: la gente hace cola, socializa, se informa. Son también puntos de tensión cuando el suministro falla.

El límite de 100 litros por persona está pensado para cubrir necesidades básicas: beber, cocinar, higiene mínima. Quien quiera más, lo paga. Los precios del agua en el mercado privado son altos y fluctúan cuando se superan los 200 litros. Las corporaciones agrícolas del interior negocian sus propios contratos. Los asentamientos ilegales del extrarradio que no están conectados a la red municipal sobreviven con pozos, cisternas, mercado negro y, en los peores casos, agua reciclada de calidad dudosa. En la práctica, el sistema del agua es también un mecanismo de control suave: estar registrado en el padrón municipal te da acceso a las fuentes. La gente que vive fuera del sistema, que no quiere ser registrada o que simplemente no puede, queda excluida. Las corporaciones de distribución conocen los patrones de consumo de cada barrio mejor que el propio Ayuntamiento.

Gobierno y Administración

SoCal es formalmente un estado libre con su propio gobierno, capital en San Diego, parlamento electo y cuerpos de seguridad propios. En la práctica, gobernar el Metroplex es una negociación permanente entre el gobierno estatal, los gobiernos municipales supervivientes (son prácticamente concejalías de distrito, con poco poder real), las corporaciones, y varios actores informales.

Ambiente General

El Metroplex es una ciudad que funciona, mal, pero funciona. No es una zona de guerra ni un páramo post-apocalíptico. Es una megaciudad del siglo XXI tardío con todos sus problemas amplificados: desigualdad extrema, infraestructura degradada pero operativa, instituciones que se sostienen con alambres y voluntad política, y una población que ha desarrollado una resiliencia pragmática y un cinismo profundo hacia cualquier promesa oficial.

La gente tiene trabajo, o lo busca. Hay bares, hay cultura, hay sol la mayor parte del año. El Pacífico sigue siendo el Pacífico. Y si no miras hacia el interior demasiado tiempo seguido, casi puedes convencerte de que las cosas no están tan mal.